La Misa estuvo presidida por Mons. Héctor Zordán quien centró su homilía en la presencia maternal de María y la experiencia de los primeros discípulos al reunirse en su casa para orar.

“Hemos venido hasta aquí para contemplar el gesto de Jesús que nos señala la figura tierna de María, y a escuchar de nuevo, como dicho a cada uno de nosotros: “aquí tenés a tu madre”. Y siempre que miramos sus ojos maternales, ella “despierta el corazón filial que duerme en cada hombre” (DP 295). ¡Necesitamos que ella nos despierte! ¡Necesitamos que ella nos haga sentir hijos!”, dijo Zordán.
Más adelante el obispo reafirmó: ¡Cuánto necesitamos que ella nos despierte aún más y nos haga sentir hermanos! Necesitamos crecer en “la capacidad de sentir al hermano como ‘uno que me pertenece’, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender sus necesidades, para ofrecerle una verdadera amistad”. La necesitamos para que nos haga sentir hermanos, incluso de los que no piensan como nosotros o usan otros pañuelos… Necesitamos cultivar “la capacidad de ver ante todo lo positivo que hay en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un don para mí” (NMI n. 43).”

Luego el obispo también pidió que “ser una Iglesia cada vez más familia y menos “oficina de trámites”; necesitamos ser una Iglesia más fraterna y cordial, y menos burocrática. Hay palabras que no podemos dejar de lado en nuestras comunidades y necesitamos que sean cada vez más frecuentes –en el uso y en la práctica…–: escucha, apertura, entusiasmo, impulso, alegría, “ser parte”, inclusión, cercanía, presencia, visita, animación, comunicación, creatividad, compañía, respeto, sinceridad, empatía, mirada a la diversidad, pensar, compartir…. Esto que le pidieron los jóvenes a la Iglesia en Argentina en el Mensaje Final del Encuentro Nacional de Juventud en Rosario, y que los adolescentes y jóvenes de nuestra diócesis me pidieron a mí en sus manifiestos de los respectivos encuentros diocesanos, son expresiones que reclaman un clima de familia.”
Finalmente Mons. Zordán expresó: “no podremos contagiar la fe a las nuevas generaciones si no nos decidimos en serio a vivir y a ofrecer una experiencia de familia en cada comunidad cristiana. Por eso también queremos pedirle a la Madre que su presencia en nuestras comunidades nos haga ser y sentir familia. ¡Lo necesitamos…! Queremos que nuestras comunidades sean familias acogedoras donde nos dé ganas de estar y de quedarnos; que haya un ambiente familiar que atraiga y otros se animen a venir y a quedarse; que haya espacio para todos y todos se sientan a gusto: los chicos, los adolescentes, los jóvenes, los adultos, los ancianos; que todos se sientan escuchados y animados a vivir con alegría el Evangelio de Jesús”, concluyó.
Veneración a la virgen

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