Guillermo Pellegrini

doncarlosgchu@yahoo.com.ar

Seamos más democráticos

Vemos que el ciclo biológico le gana a los que no son democráticos, la vida en su periplo natural triunfa sobre el autoritarismo, el tiempo se lleva a los déspotas a los que te obligan a vivir desamparado, sin libertad y sin la oportunidad de construir algo mejor.

Observamos que en la región después de tantos gobiernos despóticos, durante tantos años la gente de la tercera edad, al vivir en golpes de estado, conatos y planteamientos no son muy democráticos que digamos en su forma de pensar, nacieron, se criaron y vivieron en revoluciones y miran impávidos el libre juego de las ideas, el debate y el voto universal, como si eso no fuera lo natural.

Se ve en el fútbol, en discusiones familiares, suele haber confrontaciones, ofensas, no se acepta la diferencia, la opinión distinta, la diversidad. No es solamente en América Latina sobran ejemplos en el primer mundo. La intransigencia, el sectarismo encuentran en el odio su guía esencial para seguir alimentándose. Junto con el extremismo que exhibe su horrible rostro, el de la intolerancia. Debemos evitar todo eso la componenda y la instalación de personajes que nacen solo del cargo, no tienen poder que los sustente, no son legítimos ni representativos, no escuchan, hacen lo que quieren, no lo que deben para una buena sociedad. Terminemos con el clientelismo, es obsoleto la gente quiere otra cosa. Por suerte vemos que los jóvenes de hoy, son más democráticos que los de la tercera edad, más tolerantes y considerados.

Hay una generación que no vio otra cosa que un militarismo latinoamericano, Mariano Grondona decía hace años…“el militarismo en Latinoamérica tuvo connotaciones de poder y de clase social”…

Los duros, los intolerantes ya no interesan, no impresionan tanto como antes, te llevan a la confrontación permanente, al conflicto.

La buena democracia (que no quiere decir aplaudir) nos permite participar y revitalizarnos como sociedad moderna. Es también vivir en el ejercicio de la organización, la disciplina, sin rebeldías. Equivale a mantener compromisos, sostener y afianzar valores, construir y salir del aburrido debate permanente.

Es difícil ser democrático, a los latinos parecería que le cuesta más que a los sajones, a veces se pierde el sentido del largo plazo donde se construye buena sociedad y alta política. El pluralismo no es fácil de vivir, ni todos saben vivir con los que piensan y actúan en forma diferente a uno, la libertad de los otros puede ser molesta y es complicado seguir los principios democráticos como la igualdad con todos, el respeto a la ley, el rechazo a la concentración del poder y al mundo de los privilegios.

No hay democracias perfectas, unas funcionan mejor que otras, por la educación teniendo altos y bajos. Algunas hablan de la distribución de la riqueza, otras de concentrar las decisiones, otras experimentan, hay una constante polarización pendular poco resuelta sobre todo en Latinoamérica. Pero hay sociedades democráticas que tienen mejores y mayores medios para contrarrestar las fuerzas del poder. Las diferencias entre riqueza y política son las que tienen instituciones fuertes, gente con sentido de razón para el conjunto con inteligencia y ética pública. Si buscamos cada vez más democracia, significa en muchos casos que se debe gobernar en forma más acertada. Incluso en democracias que no están gobernando bien, la gente conoce otras alternativas pero no les gustan. Por distintos motivos, la eventual democratización del país más grande del mundo China parece cada vez más probable.

Trabajar en la democracia es trabajar en el desarrollo de la humanidad. Hay que seguir.

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