Andrés Sobredo

Todas las vidas valen por igual

Los ciudadanos de Gualeguaychú nos hemos visto abocados a discutir el proyecto de ordenanza emanado desde el Poder Ejecutivo respecto del uso del glifosato, cuestión ésta que viene mereciendo un largo y profundo debate. En este sentido, uno de los principales argumentos en la defensa de la normativa es la relacionada, obviamente, con el cuidado del medioambiente y en definitiva, en defensa de la vida.

Si bien no está mal que debatamos al respecto, la solución, el debate, las decisiones que pueden cambiar el rumbo, están en esferas superiores. En este sentido, y de haber grandes coincidencias en el seno de la comunidad, nuestros legisladores pueden llevar al Congreso esas demandas. También es cierto que la movilización social muchas veces despierta conciencias y cambia realidades, pero no es en la lucha de productores versus vecinos comunes donde vamos a encontrar la luz. El sistema de siembra directa, con el glifosato como eje, debiera ser revisado. Ahora bien, cambiar de forma de producción de un día para otro merece un profundo análisis y la opinión de nuestros mejores hombres y mujeres de todas las áreas relacionadas.

Pero dejemos momentáneamente esa discusión para otro momento. Allí, el oficialismo (Ejecutivo y HCD) han militado el tema como una cuestión de verdadera vida o muerte. Hay vidas humanas en juego, esgrimen con razón. Lo que cabe preguntarse es porque no se pone semejante énfasis en otras cuestiones donde están en juego, también, vidas humanas.

En este sentido, el desgano demostrado por la actual gestión municipal, respecto de la seguridad, al menos sorprende. Luego de dos años de gestión, con voces de todos los sectores de la sociedad gualeguaychuense –inclusive de las fuerzas de Seguridad-, bregando por la importancia de contar con un Consejo de Seguridad Comunal (CSC), resulta altamente llamativa la pereza o el nulo empuje que se le imprime al tema.

El aumento del delito y de la inseguridad en Gualeguaychú, es paulatino. Y si bien no tiene los índices de otras ciudades, ya hace rato ha dejado de ser lo que fue en materia de tranquilidad. Hoy resulta que a los hechos que son de público conocimiento, se le suman una enorme cantidad que ni siquiera son denunciados. Y en este sentido, la inseguridad golpea con más fuerza a los sectores de escasos recursos, porque tal vez el robo de una bicicleta o una moto signifique que esa familia no pueda reemplazarla y se quede sin su medio de transporte, dato que muchas veces no tiene presencia en los medios de comunicación, pero que afecta de manera concreta a cientos de familias.

La importancia y los efectos para la vida humana del delito y del narcotráfico, son tan o más importantes que el glifosato. Cuestiones ideológicas o de posicionamiento político deberían quedar al margen cuando de la vida de nuestros vecinos se trata y enfocarnos a todos los aspectos que impactan en la misma.

La droga se ha instalado en la ciudad. Lo venimos diciendo desde hace mucho sin haber tenido eco. Desde el gobierno no se ha tomado verdadera dimensión sobre el problema. La droga en la ciudad ya echó raíces y hoy atraviesa a toda la sociedad y la lucha contra la misma debiera ser una prioridad del estado municipal, de la justicia, de la Policía y de la comunidad toda. Se impone un trabajo serio y profundo codo a codo con las instituciones más avezadas en la materia y los profesionales de la ciudad. Debe enfocarse a un serio trabajo interdisciplinario para atacar las causas, pero también para la atención y recuperación de los adictos. Por todo esto cabe preguntarse ¿Cómo no va a ser la Municipalidad, un actor protagónico en la búsqueda de soluciones?

Cabe recordar que la ciudad ya experimentó la puesta en marcha del CSC con notables resultados. Hoy lo tienen ciudades como Concordia, por ejemplo. Este organismo podría bucear en diferentes acciones que sirvan para desarrollar sistemas de redes sociales de prevención del delito, recomendar la implementación de medios eficientes para aumentar la seguridad en cada barrio, articular el interés vecinal en la participación ciudadana, estimular el compromiso de los vecinos en la elaboración e implementación de mecanismos permanentes de consultas y ejecución de medidas para la protección, contribuir a la creación de canales fluidos y permanentes entre vecinos y las instituciones públicas a fin de reforzar el vínculo con la comunidad y satisfacer las demandas sociales, la confección de un mapa del delito, entre otras acciones.

Amparada en vicios formales, la Municipalidad no termina de encaminar su conformación. Si bien en cuestiones como la del glifosato se desafía incluso la ley, aquí se espera vaya a saber que cosa, pero en realidad se esconde el verdadero motivo: no hay voluntad política. Sencillamente es inexplicable que luego de más de 700 días de gestión no se haya encarado con la misma energía la conformación del Consejo de Seguridad Comunal, ya que la tibia iniciativa lanzada parece más una estrategia de dilación, que el seguimiento de procesos formales. Ojalá más temprano que tarde, se dieran cuenta que un muerto por contaminación y un muerto por inseguridad, valen lo mismo. En cualquier caso, habrá una vida trunca y una familia destrozada.


(*) Andrés Sobredo es concejal por Nuevo Espacio – UNA.

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