"Eclipsia", una historia de dioses, lunas y presagios
"Escuchen bien, hijas e hijos de esta tierra...
Abran sus corazones y sus oídos, porque les voy a contar una historia antigua, una que nos fue transmitida por quienes vinieron antes, como un aviso, como una guía que habita en el alma de nuestro pueblo.
Hace mucho tiempo, la luna cuidaba nuestros pasos. Era ella quien, cada noche, nos iluminaba, protegiendo nuestros sueños y trayendo paz a nuestras almas. Pero con el tiempo, algo oscuro creció en nuestros corazones… una sombra alimentada por el egoísmo y la ambición, que empezó a devorar nuestra propia luz.
Dentro de cada uno de ustedes se desata una batalla eterna, una lucha que se libra en silencio, pero que es constante. Es la lucha entre dos manadas de lobos. Por un lado, los Lobos Negros: ellos encarnan la ambición, la codicia, la envidia… son las fuerzas oscuras que acechan en cada corazón humano. Aunque tienen el poder de impulsarnos hacia el progreso, si los alimentamos demasiado, terminarán trayendo destrucción.
Por otro lado, están los Lobos Blancos, guardianes del amor, de la bondad, de la paz… Ellos luchan por mantener el equilibrio, para que la
humanidad no caiga en su propia oscuridad.
Hace tiempo, nuestros antepasados empezaron a alimentar más sus deseos egoístas, olvidando la compasión. Del odio y la avaricia que creció en esa época, nació una figura oscura, Eclipsia, con manos venenosas que levantaron nubes espesas, ocultando la luna. Desde entonces, Eclipsia reina desde su castillo sombrío y el mundo vive bajo su sombra.
Los sabios de los elementos nos advirtieron de este desequilibrio, pero no quisimos escuchar... Zéphyra, el brujo del Aire, ya había visto cómo las
aves huirían sin rumbo, empujadas por vientos contaminados. Aquarion, el sabio del Agua, nos habló de mares y ríos que quedarían desiertos,
despojados de vida. Terranova, el guardián de la Tierra, vio cómo las criaturas huían de los bosques que ahora son cenizas. Y Pyralis, el guardián del Fuego, en un grito desesperado, vio llamas que devoraban la vida misma.
Todos ellos intentaron alertarnos, y ahora, las sombras de Eclipsia se vuelven densas…
Pero no todo está perdido. Porque todavía queda una chispa en cada uno de ustedes, una chispa que es la fuerza de la elección. Esa chispa tiene el poder de cambiar el curso de la historia, y está en cada una de sus manos.
Recuerden esto, hijos e hijas de esta tierra... Cuando elijen el amor, iluminan el mundo. Cuando eligen el odio, la oscuridad se extiende. Cada acto de bondad y respeto es un canto que se une al latido de la Tierra, y nos acerca a la paz. El verdadero poder de la humanidad no está en las grandes decisiones, sino en los pequeños gestos de cada día.
Dentro de ustedes viven ambos Lobos, los Negros y los Blancos. La verdadera lucha es aprender a convivir con ellos, a escuchar esas voces que nos hablan desde adentro. Que cada uno de ustedes, hijos e hijas, se esmere en alimentar a los Lobos Blancos, para que el brillo de la luna vuelva a acompañarnos y que Eclipsia, finalmente, pierda su poder.
Así, en equilibrio, vamos a encontrar juntos el camino hacia la armonía. Esta es nuestra lucha, y este es nuestro destino. Que nuestras elecciones
vuelvan a encender la luz que siempre nos ha guiado… Que las sombras de Eclipsia no apaguen nuestra luz.