"Hoy, 25 de noviembre es un buen día para gritar ¡Basta!, una vez más. Recordamos el asesinato de las hermanas Mirabal, Minerva, Patria y María Teresa, en 1960, defensoras de los derechos ciudadanos de las mujeres en la República Dominicana, por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

A 70 años de ese horror, las mujeres aún pedimos que no nos maten; que no nos maltraten; que no nos opriman. Que nos den nuestro lugar. Lo hacemos desde el periodismo, el mismo que narra las violencias atroces de cada día y queremos que sea un objetivo a lograr, a corto plazo, junto a los varones periodistas.

Las mujeres periodistas de Gualeguaychú nos unimos porque la Violencia nos duele. Nos duele contar la Violencia. Nos duele escribir la Violencia. Nos duele narrar la Violencia. Porque haciéndolo en tercera persona nos lacera tanto como si fuera nuestra piel, nuestros ojos, nuestras manos, nosotros. Porque la Violencia no solo mata a otro.

La Violencia anula, maltrata, menosprecia, minimiza, agrede y oprime a la sociedad. Y nosotras, las mujeres periodistas, también la vivimos en primera persona.

Por eso nos encontramos y coincidimos, porque sentimos la necesidad de abonar espacios de escucha y apoyo, sabiendo que no estamos solas, lo que constituye un sostén, frente a los embates de la violencia en sus múltiples formas. Nos unimos, porque nos duele cada femicidio que debemos escribir, relatar o confirmar. Porque nos duele el maltrato físico y psicológico que narramos cada día.

Pero también, para enfrentar las múltiples caras que adopta la violencia contra las mujeres, como la Violencia Simbólica que busca ponernos siempre en el lugar de "decoración y acompañamiento", limitando nuestras capacidades, virtudes y trabajo profesional.

Y no se trata de una sensación o un signo de victimización. Es taxativamente la realidad que nos toca vivir a diario. El ninguneo, la invisibilización, la agresión verbal, los roles secundarios, la opresión, la descalificación son acciones que recibimos en el día a día.

En esta sociedad, que se abre a la diversidad, a la inclusión, a la equidad, aún quedan claroscuros. Son muchos los ámbitos laborales en los que persisten la Violencia Patriarcal y la Violencia Simbólica, cada vez que rechazan e invalidan la participación activa, la opinión fundada o la valía profesional de una mujer.

Nuestra lucha es desigual, es injusta. La desproporción aturde, aniquila cuando a diario nos encontramos con lugares de trabajo donde solo predominan los hombres y hay una sola mujer que tal vez, si quieren, le permiten emitir una opinión.
¿Qué pretendemos?
Igualdad de oportunidades, respeto a los derechos, valoración y reconocimiento de roles. Necesitamos capacitación en los ámbitos laborales con perspectiva de género, abogar por nuevas masculinidades, por infancias felices, libres de estereotipos, por encender la voz de las diversidades, apagando definitivamente la violencia patriarcal.

Nuestra prédica no es “cosa de mujeres”, sino cosa de derechos; de convocar a compañeros y colegas al diálogo, para ampliarlos y ejercerlos, en ámbitos carentes de violencias.
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