Con el auspicio de la Municipalidad de Larroque, a través de la Secretaría de Gestión Cultural y Educación, la escritora local, Daniela Churruarín, presenta su nuevo libro “Invitados a las crónicas de María Esther de Miguel”, informó la titular de la repartición, Analía Duarte.

“Es un trabajo que se inició en el 2017 y que tuvo su desarrollo en etapas. En 2018 publicamos la primera parte, que es la biografía de María Esther de Miguel y, desde el lapso de tiempo, entre 2018 y 2021, estuve trabajando arduamente, por un lado, lo que sale a luz ahora ´Invitados….´ y en la segunda mitad del año va a salir la tercera parte que es ´Invitados a los cuentos de María Esther de Miguel´, con la editorial de Entre Ríos”, comenzó explicando la propia Daniela.

Agregó “me resta por delante, que ya está todo recopilado y que aparece en la solapa del libro, lo que es ´María Esther de Miguel como lectora´, fundamentalmente para el diario La Nación y, de manera conjunta, con todos los papeles, comentarios, cartas, anotaciones y relaciones con los escritores, que aparecen en su biblioteca personal que está en la casa Museo La Tera donde actualmente estoy haciendo este trabajo silencioso de digitalización con la finalidad que aparezca en la página de internet de la Municipalidad de Larroque”.
Invitados
Churruarín se refirió puntualmente a la publicación actual “me gustó muchísimo el trabajo artesanal con el editor Darchéz, corrector y editor, podemos decir independiente y amateur, porque el trabajo con él fue muy profesional pero muy artesanal a la vez y eso es digno de destacar porque cada libro es distinto al resto”.
Memoria del pueblo
Agradeció luego a quienes la ayudaron, “a esas amigas de fierro, a esos amigos de fierro que están siempre y por el otro lado a la confianza que depositan tanto la familia de Miguel, sus ahijados y la gente que me abrió las puertas para trabajar en los archivos, como lo ha sido el Instituto Magnasco de Gualeguaychú, el Archivo General de la Provincia, a la Biblioteca Popular ´Juan B. Alberdi´ y un enorme agradecimiento y esa hermosa sensación solitaria de haber cumplido con esos sueños que uno tiene y que tanto cuestan”.

Finalizando “estoy muy feliz de concretarlos y que, de alguna manera, los sueños se convierten en realidad”, aclarando “cada uno de estos libros, de estos trabajos siempre están dedicados a la memoria del pueblo, en lo personal me gusta mucho recuperar las huellas del pasado y volver a darles el lugar que corresponde a esos personajes de la historia, en este caso a la literatura y el significado que tiene para nosotros María Esther”.
Palabra de editor
El editor del trabajo, Amadeo Nicolás Darchéz, ofrece la siguiente reseña bajo el título “El fogón de María Esther de Miguel”.

«En una mateada me contaron que al cementerio del pueblo lo inauguraron con un difunto prestado de Gualeguay, porque no había ninguno propio», comenta María Esther de Miguel como al pasar, y de este lado de la página se siente el fogón, el pase del mate de mano en mano, las sonrisas iluminadas bajo la noche y el brillo de unos ojos que saben leer la vida.

Entre 1984 y 1987, la escritora entrerriana imprimió su inconfundible huella en las páginas del porteño El Cronista Comercial. Esa obra, clave para quienes desean conocer las múltiples facetas de una voz única, hubiera quedado perdida y olvidada en los archivos de las hemerotecas, de no ser por el meticuloso trabajo de investigación de la profesora e investigadora Daniela Churruarín.

Un texto que tuve el placer y la responsabilidad de editar, Invitados a las crónicas de María Esther de Miguel es una vuelta a la conversación, a la charla cotidiana, a la intimidad del hablar escrito.

Las más de cuarenta crónicas que integran el libro son un pasaje a la reflexión sobre lo diario, lo que nos construye, lo más humano de nuestra existencia. Sus palabras nos asoman a esos temas que incluso hoy son las bases de nuestra agenda individual y colectiva: el avance de la tecnología; el crecimiento de las ciudades; la folklorización del interior; la democracia en desarrollo ?«estamos en un punto de flexión que obliga a continuar apelando a lo mejor de nuestra propia cantera, para no perdernos nuevamente en bifurcaciones suicidas», dispara cuatro décadas atrás y penetra en nuestros días?; la necesidad de conservar y proteger lo simple; la identidad criolla y latinoamericana ?«durante mucho tiempo, los latinoamericanos respondimos a versiones casi idílicas cuando no míticas o simplemente fantasiosas respecto a cómo éramos», denuncia, entrerrianísima, de Miguel?; la violencia de las huelgas y la burocracia; el lugar de la mujer en la sociedad ?«todo esto lo voy pensando mientras arrastro, según actividad propia de mi sexo y condición, el changuito con escarolas, tomates, zapallitos y cebollines de verdeo», confiesa irónicamente la escritora?; el valor del ocio, de los jardines, de los viajes; la belleza de la vida y la gracia de la muerte.

El libro, publicado por estos días, incluye un apartado final, unas “Apostillas” que complementan la obra, no solo la de María Esther, sino la de la propia investigadora, Churruarín, «quien, desde este lado del tiempo, pregona su actualidad» ?como revela en el “Prólogo”?. Los nueve textos finales permiten imaginar al ser escritora, a la persona tras la página. Desde una anécdota sin desperdicio de Héctor César Izaguirre hasta un artículo casi olvidado de la propia de Miguel sobre su encuentro con el poeta Ungaretti en Roma, los títulos que cierran el libro expanden las crónicas dándole cuerpo y aire a la mano que las firmó.

Allá por los ochenta, en una columna de El Cronista Comercial, la autora de Los que comimos a Solís escribía: «Es el libro quien hace que la parábola del autor no se convierta en monólogo, en estéril insularidad. Es el libro quien hace que la escritura congelada se articule con los otros, ponga en circulación ideas, las reactive, mediante la lectura». Recuperar la voz dispersa, los fragmentos de reflexiones que María Esther de Miguel sembró en las páginas de la prensa, para construir ese libro puente y aumentar el caudal de una obra única en la literatura argentina, ese es el mayor valor de esa labor de hormiga que significa dejar los días en los archivos, trabajar en «la recuperación, para el lector de hoy, de la volatilidad o fragilidad de lo escrito en las páginas de diarios» ?en certeras palabras de Churruarín?.

El trabajo de la profesora e investigadora entrerriana es, no solo un aporte inmenso a la cultura nuestra, sino además una caricia a aquello que encierra la dedicatoria del libro: un abrazo «a la memoria del pueblo».

Y en ese pueblo se lee Larroque, Entre Ríos, Argentina, yo, vos, el ser. Porque leer a María Esther de Miguel es leer la vida, sentir el mundo, esquivar la soledad. Gracias al esfuerzo de Daniela Churruarín, vuelve a nuestros días una voz que, a través de las páginas de Invitados a las Crónicas de María Esther de Miguel, en un tono que resulta conocido y familiar, como de cerquita, nos invita a conversar entre mate y mate al calor de un fogón.
Prosa Larroquense Cultura
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