¿Qué tienen en común una fotografía tomada el 2 de mayo de 1933 con otra registrada el 15 de julio de 1927 y un retrato del 12 de diciembre de 1912?

Más de lo que podemos imaginar a un siglo. Todas están intactas y unen a personajes y hechos ocurridos en Gualeguaychú. Esos darregotipos fueron publicados en la revista de Fray Mocho, el bohemio primer periodista de nuestra ciudad.

La primera imagen muestra el día del bautismo del séptimo hijo varón de Juan Bautista Dalcol, un agricultor de Estación Irazusta al que apadrinó el Jefe de Policía, Manuel Gallegos, en representación del “excelentísimo presidente de la República”, general Agustín Justo.

La segunda prueba un hecho policial ocurrido en el invierno de 1927 en Gualeguaychú. Ese 15 de julio “la señorita Julia Vieyra disparó un tiro al joven ‘Tito’ Aguilar, hiriéndolo gravemente”, reza el epígrafe.

En tanto, la última foto muestra a Francisco López Jordan, "un apóstol de la enseñanza", en alguna escuela de aquel Gualeguaychú de antaño cerrando el ciclo lectivo un 12 de diciembre de 1912.
Albert Einstein en Argentina el 24 de marzo de 1925

Esas son unas pocas perlitas del gran tesoro que digitalizó el Archivo General de la Nación. Son 68 mil documentos fotográficos que registran casi medio siglo de historia argentina a través de la lente de la revista Caras y Caretas.

Editada entre 1898 y 1939, fue una de las más importantes de su época, caracterizándose por la gran cobertura que realizaba de variados asuntos políticos, sociales y deportivos, siendo además una de las revistas pioneras en el fotoperiodismo.

Este archivo fotográfico consta de 353 unidades de conservación con casi 68 mil fotografías. Por primera vez, el Archivo General de la Nación pone a disposición del público ese material de la Revista Caras y Caretas. La consulta se realiza de manera presencial, en su sede de Av. Leandro N. Alem 246 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de lunes a viernes de 10 a 17.
Carrera de mozos organizada por la revista en la Avenida de Mayo
Breve historia de Caras y Caretas
Eustaquio Pellicer inmigrante español radicado en el país en la década de 1890 y José Sixto Álvarez, más conocido por su seudónimo Fray Mocho, fundaron la revista Caras y Caretas en 1898.

El gualeguaychuense Fray Mocho fue un notorio comisario de pesquisas de la policía de la Capital Federal, que en 1887 ya había publicado la célebre Galería de Ladrones.

La idea de los editores fue contar los acontecimientos de su actualidad (políticos, económicos, culturales y sociales) imprimiendo un sello diferente: un sentido del humor fino e irónico.

Con formas de presentar la coyuntura que resultaban atractivas y novedosas para la época, en cada número de la revista buscaba captar el interés de todo público. Caras y Caretas fue una publicación diferente, con gran espacio publicitario, de bajo precio y que aspiraba a un público masivo.

Su humor a veces sutil y otras directo, siempre fue satírico, no tenía reparos en involucrarse en las discusiones políticas del momento ni en denunciar la problemática social de un país en pleno cambio, con masivos ingresos inmigratorios y crecimiento económico.

Otra característica diferencial de la revista fueron las caricaturas, la calidad del material fotográfico y los montajes realizados que enriquecían cada número; es también la razón por la cual se la considera pionera en el fotoperiodismo, es decir, en la capacidad de narrar historias utilizando predominantemente el recurso fotográfico.

Sus secciones de actualidad como “Sports” -anexada en 1909- dieron énfasis al deporte que comenzaba a cobrar relevancia para los lectores, aumentando para 1927 la cantidad de páginas dedicada al tema.

Además, fue una revista muy atenta a informar a sus lectores de los grandes acontecimientos internacionales y lo hizo con la información y las fotografías que llegaban al país a través de las agencias internacionales, por eso hay en su acervo documental una gran cantidad de documentos producidos en el exterior del país.

Para el centenario de la Revolución de Mayo en 1910 era la revista más prestigiosa del país. Todos los sábados aparecía este semanario que se autodefinía como “festivo, literario, artístico y de actualidad”.

Continuó hasta fines de la década de 1930 habiendo cumplido a su propósito y pasando a la historia editorial como una de las publicaciones más importantes del siglo XX. Ricardo Rojas, uno de sus asiduos colaboradores consideró a Caras y Caretas como “un salto en la evolución de la historia periodística argentina”.
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