El Equipo Argentino de Antropología Forense comenzó este lunes tareas de excavaciones en el cementerio de la ciudad de Ibicuy con el objetivo de encontrar restos de cuatro personas que fueron recogidas muertas del río Paraná Guazú y enterradas en el cementerio entre 1974 y 1980.

“Estamos a la expectativa de poder hallar estos cuerpos, no tenemos la seguridad, pero sí la esperanza de encontrarlos”, declaró la fiscal federal a cargo de la causa, Josefina Minatta, que desde 2018 se pudo al frente de la investigación sobre la posibilidad de que la zona del delta entrerriano –conformado por las ciudades de Ibicuy, Ceibas y Villa Paranacito y los ríos y arroyos que las circundan– haya sido uno de los lugares que represores de la última dictadura cívico militar hayan elegido para “descartar” restos de detenidos desaparecidos a través de vuelos de la muerte. A lo largo de estos años, el expediente sumó numerosos testimonios que lo confirman, pero aún no hay víctimas identificadas.

En agosto pasado, el EAAF exhumó nueve tumbas NN del cementerio de Villa Paranacito con el objetivo de determinar si los restos allí enterrados pertenecen a detenidos desaparecidos, una tarea que aún se está desarrollando. Esta mañana de lunes comenzarán con las excavaciones en el camposanto de Ibicuy, donde la situación es diferente.

“En Ibicuy rastreamos cuatro actas de inhumación de personas que habían sido encontradas muertas en el río y cuya identidad no se habían podido determinar”, explicó Minatta.

Los documentos fijan las inhumaciones entre 1974 y 1980. Sin embargo, a diferencia de Villa Paranacito, estos restos no fueron enterrados en tumbas. El equipo de investigación judicial determinó a través de testimonios que los enterramientos sucedieron contra un paredón del cementerio, pero no están identificados. “Quien realizó estas tareas fue un sepulturero que falleció, pero antes de morir traspasó esta historia a sus compañeros más jóvenes, con quienes pudimos hablar y localizar la zona”, apuntó la fiscal.

El siguiente paso fue repasar el lugar con trabajos de georadarización, a cargo de Gendarmería Nacional, para identificar posibles movimientos de tierra que indicaran que allí podrían llegar a estar los enterramientos clandestinos. Esos trabajos se llevaron a cabo en la segunda mitad de 2021 y ahora llegó el momento de cavar.

La aparición de cadáveres en las orillas de los ríos del delta entrerriano durante los años de dictadura fue algo que la Justicia federal sabe desde hace una década. Un expolicía denunció ante el Juzgado de Gualeguaychú un dato que una expareja le había contado: el hallazgo en la orilla del río de un cuerpo cementado dentro de un tanque de esos que se utilizan para almacenar 200 litros de gasoil.

La Justicia no hizo mucho con el relato, pero el periodista Fabián Magnotta sí: tiró de la piola y generó, años después, una investigación con decenas de testimonios de vecinos del delta que decían haber visto aviones, helicópteros y barcos arrojar cuerpos a las aguas de los diferentes brazos del Paraná que circundan las islas. Los testimonios decían que habían visto cuerpos caer sobre los árboles, en los montes o aparecer en las orillas maniatados o en bolsas. El trabajo está reunido en un libro que se llama “El lugar perfecto”. El periodista luego radicó una nueva denuncia, esta vez ante la Procuración General de la Nación. Era 2016.

El expediente se activó en 2018, cuando Josefina Minatta se hizo cargo de la Fiscalía federal de Concepción del Uruguay, que encabezó tareas de recolección de testimonios y el recorrido de las zonas con un análisis de otros expedientes judiciales que investigan crímenes de lesa humanidad en los alrededores del delta entrerriano. Es que si bien la provincia de Entre Ríos no fue una de las más duramente atacadas por la represión ilegal de la última dictadura y los años previos –desde 1974 sobre todo en adelante–, la zona del departamento Islas –que compete a los municipios de Ibicuy, Villa Paranacito y Ceibas, pleno delta– está atravesada por la ruta nacional 12, que une a la zona con Zárate, uno de los puntos más calientes del terrorismo de Estado y los años previos porque era un cordón industrial.

Pero, además, la característica geográfica del delta entrerriano lo convierte en, como bien dice Magnotta, un “lugar perfecto” para desaparecer cuerpos: cientos de miles de hectáreas de ríos profundos, montes deshabitados y humedales ubicados a tan solo 20 minutos de vuelo de la Ciudad de Buenos Aires.

Fuente: Página/12
Delitos de lesa humanidad
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