Abruma, encandila y activa los focos de atención. Una topadora que arrasa con todos los obstáculos que surgen en el sendero y que se alimenta con un combustible de deseo, solidaridad y humildad. Un fruto de una tierra histórica, que entregó epopeyas y desde donde germinó el origen de la pirámide, la del antes y después del básquet argentino.

Echagüe de Paraná sorprende con su coyuntura esplendorosa, una racha virulenta que lo catapultó a la cima, la cúspide del escalafón de la Conferencia Norte (16-6, 72.7 por ciento). Desde las alturas domina ese hábitat de competitividad voraz, pero con los pies enclavados en la realidad. El Negro se erige en el equipo de mejor actualidad de toda la Liga Argentina, con ese registro impresionante de 15 triunfos en sus últimas 16 presentaciones.

Desde marzo a mayo, el conjunto de Oscar Bonell construyó un blindaje, un impulso vigoroso, que en el medio le permitió hilvanar una seguidilla de diez festejos consecutivos, el récord de la institución en la estructura de la Liga Nacional, para superar las nueve consumadas en la edición de 1990 de la máxima categoría.

En este recorte, que incluyó cuatro burbujas y algún pleito interzonal, Echagüe edificó una particularidad en esos dieciséis cotejos, dado que los cierres apretados, esas definiciones complejas, se caracterizaron por imposiciones de exigua diferencia, para ganar con una media de 5.25 puntos. Lo que ratifica el semblante corajudo para superar las adversidades en los instantes decisivos.

Con la brújula enclavada en diseminar esta bestia que pisa fuerte, Prensa AdC contactó al entrenador Oscar Bonell, al goleador Lisandro Ruiz Moreno y al desequilibrante Martín Chervo. Tres engranajes importantes, que configuran esta maquinaria colectiva.

En la búsqueda de argumentos para analizar esta coyuntura, el entrenador se sumergió en el desafío de ponderar características de su Echagüe. “En una mayoría de estas 15 victorias se repitieron hechos de finales cerrados, y para eso tuvimos una parte de fortuna, pero también los jugadores disponen de la característica de disfrutar la toma de responsabilidades. Por eso contamos con la ventaja de que no les pesa la pelota y las decisiones. Y más allá de tener dos goleadores, tuvimos otros jugadores que les tocaron resolver en los cierres y no han fallado”, razonó el DT.

El escolta Ruiz Moreno, de tremenda temporada con 14.9 puntos, 5.4 rebotes y 4.3 asistencias, acudió a un desglose de las virtudes del plantel para concretar esta racha. “Como eje central creo que entendimos qué ADN debe tener el equipo para tener más posibilidades de ganar. Vivimos de una defensa sólida y un ataque solidario, creo que todos los entrenadores del mundo pretenden eso de sus equipos y nosotros con nuestras herramientas lo hemos podido lograr y sobre todo mantener. Luego recalcó mucho el diálogo entre los miembros del equipo y el cuerpo técnico, es un ida y vuelta constante”, compartió el perimetral.

Con su tono calmo y seguridad de expresión, Martín Chervo opinó: “El argumento sería el grupo y la calidad de personas que conforman el plantel. La mayoría nos conocíamos, en algún momento compartimos equipos y al ser tantos jugadores de la ciudad, y la provincia, tomamos un sentido de pertenencia. Además de la calidad de trabajo y el esfuerzo. Ya no es casualidad, sino una causalidad".
UN ARRANQUE CON NUBARRONES
Esta historia feliz, que transcurre por un nudo alegre con tintes de autosuficiencia, dispuso de una introducción diametralmente opuesta. La activación de la temporada para el Negro de Paraná distó enormemente de una producción atildada y aceitada. Al punto que después del debut con victoria ante Independiente de Santiago del Estero se le endosó una seguidilla de cinco derrotas consecutivas.

En la segunda burbuja, desarrollada en Rosario, el inicio presentó una caída con Barrio Parque (a la postre su bestia negra) y desde ahí germinó un renacer, un vuelco radical en el rendimiento. Esa fue la piedra basal que cimentó todo.

¿Qué sucedió? ¿Por qué ese viraje a un estado de gracia? Ruiz Moreno aportó una visión interesante: “Después de la primera sede en Santa Fe entrenamos muy duro, buscamos potenciar lo que podíamos hacer bien, que era mejorar la defensa. Además muchos debutaban en la categoría y tal vez pagamos caro el precio de la adaptación. Los triunfos en Rosario contra Ameghino y ese Norte que venía invicto asentaron el momento y después mantuvimos una línea”.

Hurgando en la memoria, Chervo halló un episodio que actuó como disparador, una vivencia del seno íntimo de la plantilla. “Tuvimos una charla entre nosotros, recuerdo que tras perder con Barrio Parque en Rosario nos dijimos que a pesar de perder habíamos jugado mejor y que ese era el camino. El click lo hicimos ahí. Y después la confianza que fuimos sumando y que el equipo lo siente”, confesó el pivote.

Claro que el entrenador suma a la mesa otra arista, no menor, que se vincula con el ensamble de las piezas. Por eso, Bonell exteriorizó: “Tuvimos que armar un plantel nuevo, con una sola ficha que repetimos, Gerónimo Rosso. Las reglas defensivas y la forma de pensar como atacar llevan un tiempo para plasmarlas y que los jugadores crean en esas pautas”.
CABALLEROS DE LA ANGUSTIA
Con las pulsaciones a mil, la adrenalina que se apodera de la escena y la dificultosa empresa de resolver en el terreno más caliente caracterizan los deselances de los pleitos. Este Echagüe se caracteriza por los cierres muy apretados, por abrazar las mieles de la victoria con resultados angustiosos, muchos que se cristalizaron con la última bola en el aire.

Esa materia en la que muchos equipos sucumben, para este elenco resulta hasta motivadora. Lisandro reconoció esta peculiaridad del equipo y analizó: “El chiste interno es que somos amigos de los cierres, pero es una cuestión mental. Es un plantel que se siente cómodo en los finales porque confía en las herramientas disponibles, sabemos que alguien va a aparecer cuando sea necesario. Un día es Silva, otro Rosso, otro Losito, otro Godoy Vega y así sucesivamente y los nombro en ese orden porque recuerdo perfectamente los partidos que ganamos gracias a ellos”.

Justamente Martín Chervo, de impresionante trajinar en el torneo con 13.8 unidades, 9.3 rebotes y 69.9% en dobles, se ha erigido en un factor de desequilibrio en los instantes agónicos. Respecto a esta temática, el ex Olimpia de Paraná manifestó: “Es una mezcla de fortaleza anímica, caradurez y convicción. Nos convencimos que podemos, por ahí otros equipos a la hora de cerrar no saben cómo va a responder el compañero y ese es nuestro diferencial. Yo ya sé qué va a hacer cada compañero”.

"El chiste interno es que somos amigos de los cierres, pero es una cuestión mental. Es un plantel que se siente cómodo en los finales porque confía en las herramientas disponibles"
LA PRESA MÁS BUSCADA
El galope intenso de este entramado colectivo catapultó a Echagüe a la punta de la Conferencia Norte, tras aprovechar los traspiés de Villa San Martín en la burbuja de Villa María. Ahora el universo de la competencia le propina otra mirada, otro respeto, pero también una pulsión mayor por tumbarlo.

Este nuevo escenario podría implicar la injerencia de la presión, la autoimpuesta y la que llega del exterior. Conocedor de este mundo, a partir de su estudio de la licenciatura en psicología, Ruiz Moreno puntualizó: “El desafío de estar en boca de todos no genera otro efecto más que motivación. Que más quiere uno que pelear los primeros puestos y generar preocupación y respeto en los rivales”.

Claro que el capitán no corre el foco de un eje central de la idiosincrasia de este plantel: “Nuestra mentalidad es muy clara, tenemos los pies sobre la tierra y somos muy humildes del presente que nos atraviesa, nuestro compromiso es con cada uno de nuestros compañeros y el cuerpo técnico independientemente de la posición en la tabla o los resultados”.

Sin conocer la concepción de Lisandro, Cachi Bonell también brindó una impresión similar. “El punto donde se habló más fue cuando estábamos por romper el récord de triunfos seguidos para un equipo de Echagüe. Ese fue el mayor momento de presión, no fomentado por nosotros. En el grupo somos conscientes que encontramos solidez, pero trabajamos paso a paso. No significa una carga estar punteros, porque no nos armamos para eso, así que lo tomamos como una motivación”.
EL TODO COMO ESTANDARTE
Echagüe emergió de un grupo de animadores potentes de la Norte, supo ganar batallas y el sol ilumina su ventana. No obstante, en lo estadístico no se destaca en prácticamente en ningún rubro dentro de los 29 participantes de la Liga Argentina.

El único apartado que controla son los rebotes con una media de 41 por juego, para ser el segundo mejor de la competencia; así como se constituye en el combinado con más recobres ofensivos (12.1). Otra peculiaridad de esta escuadra, que no dispone específicamente de una enorme talla, ni tampoco de extranjeros.

El bloque granítico de solidaridad y entrega actúa como un sustento para esta ejecución notoria de este aspecto del juego. Con la experiencia de su recorrido, Ruiz Moreno halló un buen argumento: “El rebote tiene un porcentaje de técnica y otro de actitud, me parece que estamos en ese mix. Muchos rebotes son por una cuestión de querer ir a buscarlos, tenemos jugadores como Carulla y Cristian Godoy que no tienen una talla imponente pero si timing y actitud para el rebote que los hace ideales y obviamente nuestro exponente máximo que es Martín Chervo. El resto acompañamos y tratamos de no dar por perdida ninguna pelota, más sabiendo que nuestra talla es menor a la de los otros equipos”.

Inmiscuido en una línea de pensamiento parecida, el coach aportó: “Cuando nos armamos lo hicimos en base a dos premisas, solidaridad en ataque y mucho sacrificio en defensa. Y acertamos en la elección de los jugadores. Es destacable la entrega, que es un poco lo que nos lleva a este presente”.
LA META
La clasificación a los playoffs pareciera ser una consecuencia lógica para el equipo de Paraná, además solo le resta completar seis cotejos de la Fase Regular y su dieciséis triunfos prácticamente le augura una plaza en la postemporada.

Empero, los integrantes de este Echagüe animador no quitan los pies de las raíces y continúan con un tronco sólido. Lejos de elucubrar escenarios en sus mentes de una pelea por el título, Bonell advirtió: “Nuestra meta es la misma del comienzo, clasificar entre los ocho primeros. En el inicio parecía un objetivo lejano. Cuando termine la Fase Regular y en función de nuestra posición podremos plantearnos otras”.

Por su parte, el potente Chervo también sostuvo: “Es una alegría vivir este presente, pero en ningún momento sacamos el ojo del foco. Fue uno de los caminos que elegimos y que nos trajo hasta acá. Siempre hay que tener memoria de las raíces, enfocados en el objetivos que nos planteamos de jugar partido a partido y tratar de terminar la etapa regular lo mejor posible”.

El diálogo y la interacción entre los intérpretes y el cuerpo técnico es otro de los puntales del Negro. La recapitulación de cada episodio, de cada situación y la retroalimentación lo potencia como equipo. Por eso, Lisandro describió: “La premisa de ser competitivos la vamos a tener en mente hasta el último partido que nos toque. Igualmente hemos puesto entrar a playoffs como objetivo y ahora el hacerlo lo más arriba posible. Luego veremos que nos dice el torneo y seguro que iremos construyendo metas con una mezcla de ambición y humildad, las máximas que estén a nuestro alcance”.
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