Mario Lissmann

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El virus que contagió al sistema educativo

La tecnología siempre ha estado presente en nuestra escuela, desde la utilización de las tizas y pizarrones, cuadernos y lápices, libros- fotocopias y resaltadores fluorescentes…

Hoy día con esto de la emergencia sanitaria, un "tsunami" de actividades que se hacían de manera presencial, se han trasladado a un modelo diferente. El teletrabajo y la educación mediada por tecnología, parecerían ser la solución. Pero, ¿Todos estamos hablando el mismo idioma a la hora de implementar nuestras prácticas de enseñanza mediada por tecnología?

Cuando se habla de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, término que cada año va mutando por otro más significativo, se mencionan algunos aspectos que son fundamentales para entender mejor la cuestión y que al momento de hacer las cosas seriamente habría que tenerlas resueltas. La alfabetización digital y la brecha digital, sin dudas son aspectos que ya no deberían ser motivo de reflexiones, más aun con todo lo que se ha realizado, ¿Por qué digo esto? Un modelo innovador como el que se implementó en Argentina y que luego cayó, de una gestión a otra, debería haber servido y seguido como política de estado para afrontar esto que vivimos, la pandemia que se apropió de nuestras vidas de manera inesperada, sin tanta desesperación, angustia y cansancio, todo esto en un periodo muy breve, menos de 20 días…

Órdenes y normativas que se olvidan de los diversos contextos, que desconocen la realidad, todo sea por obediencia o sumisión, que sobrecargan la voluntad de los actores del sistema educativo, pretendiendo hacer lo mismo que se hacía presencialmente, ahora por medio de la digitalidad, grave error… luego como un virus pandémico, se contagia a las instituciones formadoras, quienes presentan los síntomas del desconocimiento de cómo hacer lo que se debería hacer, de una manera “rara” quizás, para quien nunca se interiorizó por estos nuevas maneras de enseñanza.

Los hogares no escapan a este virus, aquí también los síntomas son diversos, el malestar por el no saber cómo también se apodera de la convivencia. Algunos reconocen la labor docente, entendiendo que quieren y dedican mucho tiempo a preparar los materiales que serán los responsables de enseñar a sus hijos, innegable que detrás de estos, existe un docente responsable que busca de donde sea las herramientas para hacer lo que desea hacer. También hay excepciones. Otros no entienden, quizás sea comprensible.

Los resultados de lo que se hizo y se logró, o se intentó lograr en su momento ¿Quedó en evidencia? o como dijo mí compañero y alumno Guillermo. G. “se pretende que todo dependa de nuestro voluntarismo como docentes” en pleno debate sobre el tema. Los docentes sabemos hacer con casi nada, algo de aceptable a muy bueno… pero ¿Es necesario que sea de esta manera?

Solo espero que lo que estamos viviendo, con esto de la enseñanza mediada por tecnología, no provoque después un rechazo hacia la modalidad. Que se desaproveche su potencial. Sin dudas para que esto funcione bien, hay que invertir en lo estructural, con conectividad y viabilidad de dispositivos para todos; hay que contar con recursos humanos capacitados, contando con equipos especializados de trabajo por zonas que asesoren en la modalidad, no de manera centralizada, ya que debemos superar la complejidad de ir incorporando la tecnología en nuestra presencialidad, con la verdadera intención de cambio.

El virus que contagió al sistema educativo, se cura entre todos… solo falta solidaridad y empatía…

(*) Mario Lissmann es docente

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