Más allá de lo que pasó fuera de la cancha, el 16-16 en Sidney sirvió para que el equipo de Ledesma termine 2020 con muy buenas sensaciones tras la frustración que significó la eliminación en la primera ronda del Mundial de Japón.

Imposible no poner en la coctelera todo lo extradeportivo que sucedió en la que fue, por lejos, la peor semana de la historia del más que centenario rugby argentino y de Los Pumas.

Con todo lo que se originó a partir del casi nulo homenaje al máximo ídolo deportivo de nuestro país cuando se pensó que, para el afuera, apenas una cinta adhesiva negra alcanzaba. Y con todo lo que vino después con los tuits repudiables -xenófobos y racistas- que vieron la luz el lunes a la noche, la decisión de apartar del plantel a los tres jugadores apuntados (entre ellos, el capitán), el pedido de disculpas de Matera, Petti y Socino y su vuelta al grupo en 48 horas, el silencio inexplicable de los dirigentes y la sensación de soledad que tuvo un plantel que se unió aún más en la adversidad.

Imposible no pensar que al menos durante tres días el equipo estuvo con la cabeza puesta en cualquier lado menos en el cierre del Tres Naciones y en la revancha ante los Wallabies. Y, se sabe, el factor mental en el deporte de alta competencia es fundamental. Pero...

"Fue una semana muy difícil", coincidieron el entrenador Mario Ledesma y el capitán Jerónimo de la Fuente tras el 16 a 16 frente a los australianos. Se quedaron muy cortos los dos en esa lectura pública de lo que sucedió. Pero quizá por eso todo terminó en un festejo agrupado, con todos los jugadores saltando y gritando, sacando para afuera una euforia contenida.

Los Pumas se despidieron del torneo en el que compitieron de igual a igual contra dos de las grandes potencias del mundo con muy buenas sensaciones en lo que al rugby se refiere después de la frustración enorme que significó la eliminación en la primera ronda del Mundial de Japón, donde el equipo no obtuvo resultados y, lo peor, careció de una estructura de juego.

No es que el balance del nivel de rugby ofrecido haya sido brillante tras los cuatro partidos disputados en Sidney y Newcastle, pero teniendo en cuenta además el contexto de un año absolutamente atípico por la pandemia que afectó al mundo y, sobre todo, a los argentinos en comparación con los neocelandeses y los australianos, a Ledesma la mueca de satisfacción no se la podrá quitar nadie. Y por varios días.

El seleccionado mostró ante Australia dos caras en ambos tiempos pero siempre con un compromiso ineludible por el tackle, por la defensa, por la actitud. Fueron 40 minutos iniciales de solidez y oportunismo. Solidez porque hubo firmeza para tirar para atrás a todo adversario que buscara penetrar por el centro de la cancha.

Allí, bajo el ala de Alemanno, Kremer, Isa, Grondona y Montoya, los argentinos se hicieron muy fuertes. E impenetrables. Pero también hubo oportunismo que quedó reflejado en esa enorme jugada que culminó Bautista Delguy con la corrida que lo llevó directamente al try. Todo comenzó con un line ganado y un maul que avanzó 20 metros, Ezcurra vio el hueco, se filtró y el wing se sacó de encima la última marca con un precioso hand off para aterrizar en el ingoal.

De todos modos vale destacar otra vez aquella defensa ofensiva que tuvieron Los Pumas que permitió hacer una base mientras Australia buscaba por todos lados sin encontrar respuestas a ese interrogante planteado por el rival. A esa altura el line y el scrum ofrecían buenas y malas, sintiéndose la ausencia de Petti por un lado y encontrando la granítica postura de Gómez Kodela como pilar derecho en el fijo.

Entre las falencias se comenzó a notar la cantidad de penales (fueron 14 en todo el partido), la poca obtención (Argentina terminó con apenas el 30 por ciento) y el dominio territorial de los Wallabies que fue de casi un 80 por ciento en los 80 minutos.

Ya en el complemento, con un Australia dispuesto a revertir la historia, Los Pumas necesitaron un mejor juego con el pie para poner la pelota lo más lejos posible del ingoal y no pasar por tanto sufrimiento en el aspecto defensivo para tener tiempo de ordenarse en ese aspecto. Ese rubro no funcionó como hubiera sido necesario.

Es cierto que Reece Hodge tuvo la chance de darle la victoria a su equipo con un penal medianamente factible que se le fue por el primer palo a 30 segundos del cierre (en Newcastle había tenido la misma oportunidad a dos minutos del final). ¿Hubiera sido justa una derrota? Por el desarrollo del partido, es muy probable. Por todo lo que había sucedido en la previa, no. Definitivamente no.

Fuente: Clarín
Tres Naciones
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