Escribe Paola Robles Duarte

Desde su casa inmersa en el paisaje de las sierras cordobesas, una de las voces femeninas pioneras del rock nacional, se tomó un momento para charlar al aire de CNN GUALEGUAYCHÚ sobre su historia con la música, polemizar con el documental de Gustavo Santaolalla e inspirar a las mujeres que en todo el país luchan por subir y permanecer en el escenario.

¿Cuándo comienza tu historia con la música?

Yo empecé a cantar antes de descubrir que esa era mi vocación. Yo canto desde siempre. Desde chiquita que estaba en un coro, después tenía una banda de folklore, que se llamaba Grupo Vocal Azurduy, después lo conocí a Oscar (Mediavilla)y me sumé a hacerle coros a su banda, después armamos La Torre. Fue todo como un camino que se abría, yo no sabía que era mi vocación, ni que iba a ser cantante para nada, yo estudiaba arquitectura, me faltaban cinco materias…

¿Y cuándo dijiste no va por ahí, va por este otro lado, y empezaste a andar?

-Me encontraba muy feliz cantando, muy liviana, y cada vez me gustaba más. Tenía dieciocho años cuando hacía las dos cosas, estudiaba y cantaba en bandas. Un día dije, en un lugar me esfuerzo tanto y soy mediocre, y en otro lugar no me esfuerzo nada, y todo fluye. Gracias a Dios, uno de los ocho poderes del ser humano es el discernimiento, y el discernimiento es ver el camino que aparecen en la vida, y, otros de los poderes es la elección, y saber elegir qué camino empezar a transitar. Y elegí.
Estamos hablando a fines de los 70, principios de los 80: era difícil pararse en un escenario y decir “Hola, yo piba quiero cantar”…

-Era bravo, menos mal que era jovencita, porque te acompaña esa valentía, te acompaña el sentirte completamente inmune, ser descarado, no tenerle miedo a nada y ahí nos mandamos.

¿Y cómo fue para vos hacerte lugar en ese mundo? Porque recién en los últimos diez, quince años comenzó a subir a la superficie mucho de los abusos del machismo del rock…

-Si bien no tenía mucha idea de donde estaba entrando - era muy chica- me encontré con muchas situaciones bastantes feas, como que me tiraran de un escenario y me dijeran ‘’las minitas de los músicos abajo’’.

Eso te pasó en Barock, ¿no?

-Sí, eso fue en el 82´. También pasaba que llegabas a un festival y decías, ¿Dónde me cambio? Y el que organizaba te contestaba: ‘’Uh, no pensé en eso’’, o que quieras opinar algo y te sentías sapo de otro pozo totalmente, porque al principio, si no eras la minita de los músicos era imposible entrar en alguna parte. A mi me cambió el carácter, de la boca para afuera, obviamente, y tuve que poner cara de culo.

Te cambió la pose

-Por supuesto, tuve que masculinizarme, siempre tenía malhumor. Entonces eso generó en mí, un tiempo de mucha soledad.
Un pibe de tu edad vivía la movida de una manera distinta a la que la vivías vos siendo mujer…

-Obviamente. Un pibe de mi edad entraba perfectamente, una piba de mi edad no. Entonces, era complicado, sin embargo, yo lo veo a esto ahora, después, con la perspectiva del tiempo, como si fuera una película sobre lo complicado que fue, pero viví mucha soledad y muchas tristezas. También muchas alegrías, porque tuve compañeros hermosos, conocí gente preciosa, pero todo el ambiente y todo el entorno era masculino, absolutamente masculino y yo no podía entender cómo hacer que mi energía femenina entrara a romper ese paradigma.

Hace poco se estrenó el documental “Rompan Todo” producido por Gustavo Santaolalla para la plataforma Netflix, difundido como “La Historia del Rock Latinoamericano”, pero en esa historia las mujeres del rock son el saludo a la bandera del final…

-Es horrible.

¿Qué sentiste cuando lo viste?

-¡Qué querés que te diga! Me parece un desastre. Me parece que Santaolalla lo hizo con las bandas que él produjo, y con las cuales tuvo acercamiento, un acercamiento comercial, un acercamiento de amistad, pero para nada esa es la historia del rock latinoamericano, es demasiado pretencioso poner ese título. No lo es para nada.

Es más bien un recorte que tiene que ver con su universo…

-Claro, Oscar (Mediavilla) que está acá al lado mío mientras charlamos me dice ‘’Se hizo un auto homenaje Santaolalla’’. La verdad es una pena que se hayan olvidado de tanta gente valiosa y, sobre todo, con todo lo que nos costó a las mujeres, que a las pocas mujeres que había las pongan al final de todo como un deber, como diciendo ‘’no puedo obviar esto’. No, eso no se puede obviar. Porque nosotras abrimos un camino enorme. Mirá, yo hace poco hablé en el Senado de la Nación, en representación de un montón de mujeres músicas, para pedir por favor un 30% de mujeres en los escenarios de los festivales argentinos. Y te estoy hablando cuarenta años después de todo lo que iniciamos.

¿Crees que plantear ese recorte es desconocer la lucha que están mencionando?

-Es una mirada machista y fea, hasta misógina, te diría. Es como decir, ‘’bueno flaca, les voy a dar un lugar’’ y no tienen ni idea de la historia que marcamos nosotras, la historia real. Una historia de sufrimiento, una historia de pelearla, una historia de empezar a luchar con otras. Yo te contaba que, al principio, me masculinicé y que después no lo pude respaldar. Entonces dije ‘’yo soy esto’’ y me puse una pollera corta, y me dejé los rulos. Y vos sabés que el público, al cual no hay que subestimar nunca, al principio solo me miraba las piernas y me gritaba barbaridades, y después del cuarto temas cerraban los ojos y se ponían a disfrutar de la música. Son cuestiones de educar, de mostrar otras energías, de demostrar que la energía femenina ataca por otros lugares.
Conectar con lo emocional, con la fibra, sin la pose...

-Absolutamente desde la fibra, absolutamente desde lo que uno es, desde lo que uno mamó, es otra cosa la energía femenina. Y hay buena energía masculina también, pero hubo una energía femenina, la cual nosotras tuvimos que plantear una bandera y decir ‘’a partir de acá entramos’’.

Y estas energías femeninas movieron este mundo del rock y un montón de otros mundos…

-En un montón de aspectos, pero mientras sigan saliendo documentales como estos, poniendo en el título ‘’la historia del rock…’, que es mentira, y me extraña mucho de Gustavo, porque es un tipo inteligente, es un tipo creativo.

¿Tuviste la oportunidad de hablar con él?

-Justo me lo crucé en con Daniel Ripoll -dueño de la revista Pelo- que me estaba haciendo una entrevista para sus redes, y llegó Gustavo Santaolalla, estábamos los tres charlando. Yo no había visto Rompan Todo todavía. Y él estaba promocionando lo suyo, y qué pena que no se explayó más porque sino podría haber conversado esto con él, pero no, es como que sienten que se han subido algún banquito y te miran desde arriba, y no, ya pasó eso, eso atrasa mucho, uno no puede mirar desde arriba a nadie.

Hace poco saliste al cruce, cuando el organizador del Cosquín Rock dijo que no había tantas mujeres arriba del escenario porque no hay tanto talento femenino…

-Es antigüedad que digan eso: ¿Qué les pasa? ¿Qué tienen en la cabeza? Por ahí que digan que no son tan convocantes, pero sí van a tener un lugar. Porque la cosa es esta: en el Senado, cuando tuve la palabra, un señor me preguntó si no creía que tenían que subir al escenario los que tienen talento, y le expliqué: ‘Mire, el talento viene en forma de semilla, todas las personas que nacen vienen con esa semilla, y algunos tienen talento para cocinar, otros tienen talento para pasear al perro, y otros tienen talento para la música, pero si no tenemos un jardín donde plantear esas semillas, ese talento se muere, se seca, se olvida’’. Entonces, lo que estamos pidiendo es un 30% de terreno, nada más”. Y ahí me entendió. Entonces, esas mujeres que supuestamente no tienen talento, que no es verdad, tienen que tener ese espacio. Ahora por suerte la ley salió, pero justo vino la pandemia y no pudimos hacer muchos festivales.

La lucha ahora es para hacer que esa ley para que se garantice la presencia de las mujeres en el escenario, se cumpla…

-Hay que seguir peleándola, claro que sí. Sobre todo, hay que plantarse en los festivales donde la convocatoria no se cumple.

¿Qué les dirías a esas pibas artistas que están soñando con cantar y pararse en un escenario como lo hiciste vos al comienzo?

-Yo les diría que no bajen los brazos nunca, que nosotras tenemos mucho potencial, y hay que estar todo el tiempo parándose frente a estas injusticias. Pero que no es de ahora, que no crean que esto es de ahora. Venimos peleándola, por lo menos yo, hace muchos años. Y cuando digo peleándola no me refiero a tener un contrincante siempre, sino a decir ‘’esta soy yo’’. Una vez estaba en India, y en una meditación los maestros me mandaron a escribirle a Dios, y en una frase que estaba escribiendo tenía que responder porqué estuve tan enojada, hablando de los 80´ e inmediatamente me bajó la respuesta, y la respuesta es ‘’porque todavía no sabías quién eras vos’’. Es decir, uno tiene que saber quién es, y no importan lo que te digan los demás, uno sabe quién es uno, y seguís siempre caminando, siempre para adelante.

Decías que el talento es una semilla y necesita tierra donde ponerla: ¿Dónde estás poniendo tu semilla hoy?

-La mayor parte de la cuarentena estuve en mi casa de Córdoba, y me quedé acá en medio de la montaña, y me salieron un montón de canciones, así que mi semilla andaba por lo creativo, más que nada. Y sobre todo teniendo a los músicos a distancia, entonces componíamos por teléfono, nos filmábamos con los teléfonos, hacíamos videos, empezó a surgir una creatividad maravillosa.

Sembrar con las nuevas herramientas…

-Claro, y entonces ahora estoy juntando todo ese material, y estoy terminando otras canciones para, en marzo o abril, entrar al estudio para grabar un disco nuevo. Así que ahí estoy, en plena creación. Mientras tanto, pasando esta cuarentena prácticamente cruzada de brazos, si no fuera por la creación, no sé. Porque no tenemos muchos lugares para jugar, no tenemos lugares para salir a tocar, salvo por streaming, que uno mismo puede planear, pero en el verano no voy a hacer nada por streaming, calculo que recién en abril. Estoy pintando un mural, estoy pintando como loca, y cocinando mucha cocina vegetariana.

¿Qué me dirías para cerrar?

-¡Aguanten las pibas!


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