Jorge era médico y había viajado a Misiones para atender a sus pacientes en un pueblito rural. Viviana era azafata y hacía once años que su vida estaba en el aire. Cristina tenía 26 años y estaba embarazada, volvía a Buenos Aires luego de asistir al entierro de su abuelo en Posadas. Son en total 74 historias, 74 personas que formaron parte de la peor tragedia aérea argentina allá por octubre de 1997.

Fue (y es) una espera interminable. Un ejemplo concreto para definir esa frase que muchos repiten: “La Justicia es lenta” ¿Cómo se hace para no bajar los brazos en una lucha desigual durante tanto tiempo? Clarín reunió a los familiares de las víctimas del accidente de Fray Bentos y reconstruyó el drama vivido desde el momento en que el vuelo 2553 de Austral dejó de aparecer en los radares de todos los aeropuertos. Ahora el Tribunal Oral Federal 5 programó el inicio del juicio para el 26 de marzo que tendrá 35 acusados que se sentarán en el banquillo.

Los familiares tienen dudas. Muchos de los imputados son españoles, viven en Europa y ni siquiera se conoce el estado de salud de ellos. Por lo que podría provocar que llegada la fecha no se presenten y que eso vuelva a estirar los tiempos. Ante esa eventualidad los familiares pedirán la captura internacional.

“Cuando el avión cayó en Uruguay, también cayó en el living de mi casa”. La frase de Silvina Rumachella, abogada y hermana de la azafata Viviana, resume el calvario que debieron soportar quienes ahora no descansan hasta buscar la verdad: “Fuimos contra todos y todo, nos pusieron mil muros pero acá seguimos, siempre con la mente puesta en que el caso no quede impune”.

La causa ya fue investigada a lo largo de estos casi 21 años por tres jueces. En 2013 quedó radicada en el juzgado de Sebastián Ramos, quien tiene hoy a su cargo establecer si entre las causas que originaron el accidente aéreo cabía asignarle responsabilidad a los ex directivos de la empresa que en aquel momento dependía de la española Iberia y ex miembros de la Fuerza Aérea Argentina.

Tanto para las familias de los tripulantes como de los pasajeros (la querella engloba alrededor de 15 personas), la empresa y los organismos de control son responsables de la tragedia. Las pericias hechas por los organismos uruguayos determinaron que fallaron las luces de alarma que debían alertarsobre el funcionamiento de los velocímetros. Lo que ocurrió fue que el tubo pitot -que marca la velocidad dentro de la cabina presurizada- se había congelado y el piloto creyó que la velocidad era menor a la que en realidad iba, por eso extendió los flaps pero la presión del aire lo arrancó y la nave perdió el control hasta estrellarse.

De ese avión en el que viajaban las 74 víctimas y que pesaba 40 toneladas, volvieron restos humanos que entraban en dos ataúdes: "Lo más grande que pudieron encontrar fue un dedo", describe María Elena Blanco que perdió a su compañero Jorge Cécere, piloto del vuelo 2553 a quien en principio lo culpaban por meterse de manera intencional en el medio de una tormenta, aunque eso luego quedó descartado. "Todos tenemos la esperanza de que se haga justicia, pero sabemos que vivimos en un país corrupto en el que esta causa tardó más de veinte años en resolverse y en que se desarrolle el juicio oral. Eso tiene un por qué, y es que tuvieron que tapar la porquería que hicieron y que siguen haciendo", cuenta.

Tamara Kohen tenía sólo 12 años cuando la mañana del sábado 11 de octubre se despertó por los gritos y el llanto de su mamá y su tía. Cierra los ojos y el instante reaparece, como siempre aunque ahora ya tenga 33 años. Su papá, Jorge, era médico rural y había viajado a Misiones para atender a sus pacientes, pero nunca volvió.

“Cuando era más chica creía que buscaba Justicia por los que fallecieron, pero de grande me di cuenta que yo también fui víctima. A mi papá lo mataron y por eso confío en que algún día se tiene que saber la verdad”, dice Tamara quien todavía guarda un pedazo de avión que un primo le llevó desde el cráter que quedó en un terreno de difícil acceso en Fray Bentos: “Durante mucho tiempo ese pedacito de chapa era lo único que tenía como recuerdo, lo llevaba conmigo en la mochila al colegio, lo ponía bajo la almohada todas las noches y me asustaban las tormentas. Hoy lo que más me cuesta es cuando necesito un consejo de mi papá, pero mi papá no está”.

Fuente: Clarín
Juicio Justicia

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