En una labor que ha encarado la Dirección del Hospital, se intervinieron artísticamente los consultorios de Pediatría, con distintas temáticas y siempre “preservando la idea del juego”.

Dado que para la finalización de la obra de la unidad Bicentenario aún restan por lo menos dos o tres años de trabajos; y mientras Provincia y Nación articulan el llamado a licitación para la tercera y última etapa, la nueva dirección decidió priorizar el mantenimiento del Centenario.

Este histórico edificio alberga en la actualidad la mayoría de los servicios esenciales que brinda el nosocomio, como la Guardia, Neonatología, Terapia, Maternidad, Laboratorio, Farmacia, Imágenes, Quirófano y las salas de Internación, entre otros. Por ello es de vital importancia su reacondicionamiento.
Desde principios de marzo, el director Roberto Piaggio dispuso iniciar "distintos trabajos de mantenimiento al edificio de más de 100 años ubicado sobre calle Pasteur, para evitar su acelerado deterioro. La prioridad es que sea un espacio digno para la labor diaria de los trabajadores de la salud y la atención que los servicios brindan a los usuarios", indicaron.

Es en este marco que el artista Diego Abu Arab fue convocado para cambiar la imagen estética del servicio que atiende a la gurisada de la ciudad y la Región Sanitaria IV. “Se finalizó la primera etapa de pintura del nuevo ala de Pediatría”, aclaró el artista sobre el trabajo que realizó en siete consultorios y salas de tratamiento; y por lo que aún resta hacer en una segunda etapa, que será abordar los distintos pasillos del servicio.

Diego Abu Arab tuvo muy clara su labor desde un comienzo: “no verlos como enfermos sino como niños”. Y a partir de esa premisa el desafío se le planteó en qué imágenes plasmar en las distintas paredes. Su decisión fue abordar una temática distinta en cada lugar, pero “siempre preservando la idea del juego”.

“Primero se reacondicionó toda el área, se repintaron pasillos y todos los consultorios, se puso nueva cartelería, televisión para los chicos para que vean dibujitos. La idea fue transformar un edificio viejo ”, indicó.
“También fue todo un desafío trabajar de manera coordinada con el uso de los consultorios en caso de emergencias. Trabajando pocos materiales y elementos para evacuar las salas cuando fuera preciso. Cosa que a la luz de la experiencia fue un acierto. Todo esto además marcado por la cuarentena y sus medidas”, agregó.

Diego contó que, al ser padre de tres chicos, visitó muchas veces la Guardia del Hospital, pero gracias a este trabajo realizado en las paredes de la Pediatría le tocó compartir visiones desde otra óptica, y con la curiosidad del personal de salud.

“Escuché con atención la disposición de los espacios de tratamiento y las especialidades de cada lugar, y pude trabajar usando imágenes que hiciesen alusión. Por ejemplo: donde se hacen los hisopados de COVID y de enfermedades respiratorias y febriles, trabajé con imágenes referidas al aire y otras formas posibles de libertad; mientras que en el área de trauma o shockroom con imágenes referidas a ciertos ‘riesgos cuidadosos’ o; en la sala de nebulizaciones con el “espacio como lugar de juego” aún con tubos oxígeno”.

Diego no se olvidó de nadie de las personas con la que convivió a lo largo de un mes de trabajo. “Nadia Banega y Sandra Rocha responsables de enfermería están a disposición en todo momento, con todo tipo de pedidos y todo el equipo Lucía Almada, Lucía Martínez, Joselina Flores, Iván Gómez, Roxana León, Agustina Fiorotto, Eugenia Churruarín, Yanina Álvarez.

Silvina y Lorena que me siguen con trapos y lavandina mientras pinto por todos los consultorios limpiando a conciencia en medio de esta cuarentena.

Nadia Vela, Martín Dahuc, Federico Gini Cambaceres, Romina Dahuc, Melina Costa, Dante y Marcos Taffarel, Mario Cigliutti, Anneris Florentín, Hugo Monti, Rosana Viceconte, Facundo Vivian, Micaela Arrate, Laura Grosso. Y los residentes Rocío, Luciano, Angelina y Hugo brindaron apoyo no solo alentando sino también comprobando cómo reaccionaban los pacientes frente a los espacios pintados, que fueron aunque no lo sepan valiosísimas devoluciones en medio de la planificación”.

Por último “quiero destacar a Ale Urquiola del Equipo Infanto Juvenil del Servicio de Salud Mental del Hospital por entender la importancia de esta tarea y brindar total confianza. También a la psicóloga Elisa Benetti y a Cecilia Rébora del Espacio Lúdico Psicopedagógico “La Oreja Verde”. Entre las tres han contribuido con criterio y de alguna manera con la contención profesional para poder ir a “jugar” a pintar en medio del ambiente hospitalario. Pero también para crear criterios que pudiésemos compartir en el desafío de construir salud y arte comunitario en donde se nos brinde la oportunidad”, puntualizó el artista.
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