La guerra tiene su propio cofre de historias. Cada tanto alguna de ellas se enciende, brilla lo suficiente como para distinguirla a través la ranura y se cuela en nuestros días para recordarnos todo aquello, para enseñarnos de la humanidad de quienes fueron a la guerra. 37 años después, Malvinas nos sigue brindando historias, posibilidades de aprender, nos interpela, nos pulsa en el pecho y nos vuelve cómplices de los reencuentros.

Algo de esto se puso en marcha cuando llegó al equipo de R2820 un mensaje pidiéndonos que tendamos un puente con Dionisio Heraldo Petizco. El excombatiente gualeguaychuense había sido el elegido durante el 37° Aniversario de la Gesta de Malvinas, como el responsable de brindar las palabras alusivas a la fecha, en representación de los veteranos y excombatientes de nuestra ciudad.

El título de la nota fue una de las frases pronunciadas por Petizco en su discurso el último 2 de abril, pero también fue la pista que siguió Adolfo Iñiguez -reside en provincia de Buenos Aires-, para tratar de contactar a su ex compañero de la Armada. Ambos estuvieron juntos en Malvinas y casi no volvieron a verse, ni siquiera durante los días posteriores a la rendición de Argentina.

"Petizco me dio su biblia en Malvinas y quiero devolvérsela", adelantó Adolfo, el excombatiente que a través de un amigo se contactó con el portal. Así R2820 llegó a Heraldo, quien se refirió a esta historia que comenzó con el destino de ambos al Apostadero Naval Malvinas: "Yo ingresé a la Escuela Mecánica de la Armada Argentina (ESMA) con 15 años de edad, el 23 de enero de 1974. Adolfo ingresó el mismo año, somos de la misma promoción, sino que él era electricista y yo era "de mar", es decir, me ocupaba del manejo de barcos, etc".

"Había cumplido 24 años, era militar de carrera. Me encontraba destinado a la Fragata Sarmiento, me había casado hace poco y mi señora estaba embarazada de mi primera hija. Ese día me iba de franco y me llamó el director para comunicarme que me destinaban al Apostadero de Malvinas. Éramos tres parados frente al superior, un 6 de abril de 1982: sabíamos que habíamos recuperado las Malvinas pero no sabíamos de la guerra. Buscamos las armas, la ropa y entre las cosas que me llevé, estaba la biblia que me había dado mi mamá. No teníamos conciencia de lo que se venía. Fuimos a Malvinas como si fuera un destino nuevo, no fuimos movilizados a la guerra", contó Petizco.

"Allá nos encontramos con Adolfo y otros compañeros. Antes habíamos estado una semana en Comodoro Rivadavia, pero era tal el desorden, que no sabíamos bien que rol cumpliría cada uno. Éramos unos 15 los que partimos en el Hércules para las islas. Llegamos y nos pusimos a hacer lo que había que hacer: cavar trincheras, pozos de zorra, colocar municiones, etc, porque ya sabíamos lo que se venía", recordó el veterano de guerra en aquella charla junto al río Gualeguaychú.
Allá, en Malvinas
"Al principio me tocó repartir víveres en la isla hasta el 1° de Mayo de 1982. Luego los repartos fueron por tierra. Me tocó estar en la custodia de la Gobernación hasta el 30 de Mayo, cuando fui enviado como cabo -junto a un soldado- al faro. Allí desempeñábamos tareas de vigilancia e inteligencia. Hacíamos guardias de seis horas por seis horas, porque no resistíamos por más tiempo el frío. Nunca pasé tanto frío y tanta hambre en mi vida como en aquel momento", confió Petizco a la vez que reveló la sensación que provocaba en ellos el zumbido de las bombas enemigas que caían cerca -la más próxima de ella a unos 50 metros- del faro, y que eran el verdadero peligro para esos hombres apostados a aproximadamente 30 metros de altura.
Fue justamente el día que partió hacia el faro de Malvinas cuando le prestó su biblia a Adolfo: "Yo me iba al faro, y uno trataba siempre de andar liviano. Adolfo me pidió que se la prestara y entonces se la dejé. Era la biblia de mi mamá; ella había quedado en mi ciudad y de ella me traje la biblia que me había regalado un tiempo antes. Yo viví toda la vida en Gualeguaychú, pero a mi mamá se le adelantó el parto y por esas cosas del destino nací en provincia de Buenos Aires. Pero siempre vivimos acá y de ella me había llevado aquella biblia. Ese día se la dejé a Adolfo, y bueno, ahora parece que voy a volver a encontrarme con aquella biblia de tapas amarillas", dijo Petizco con una sonrisa.

"A veces pasa que uno no se vuelve a ver con los compañeros con los que estuvo en la guerra, como también pasa que allá no nos vimos con los que conocimos después. En nuestro caso, los dos éramos militares de carrera, cada uno siguió en lo suyo, capacitándose, y si bien creo que nos cruzamos una vez después de la guerra, no volvimos a vernos", agregó Petizco.

"Después de Malvinas continué en la fuerza y me retiré con 35 años de servicio, como suboficial principal. A la vuelta de la guerra los superiores nos ordenaron que no habláramos, empezó lo que se llama la campaña de desmalvinización. No nos olvidemos que Malvinas fue el manotazo de ahogado de la dictadura militar y cuando volvimos, la gente estaba en otro proceso, viendo como adaptarse a los nuevos tiempos", dijo.

"Fue difícil, y para muchos compañeros sigue siendo. Pensemos que murieron muchos más soldados por quitarse la vida luego de la guerra que combatiendo", remarcó Petizco a la vez que mencionó los dos episodios que él registraba como secuelas de Malvinas: una parálisis corporal que lo llevó al Hospital Centenario una mañana a los pocos años de volver, y la sensación de estar a punto de presenciar un bombardeo al escuchar un zumbido de una máquina que lo transportó al zumbido de las bombas cayendo alrededor del faro.

Acerca de aquel episodio que lo llevó a la Guardia, recordó que lo fue a ver el cura Jeannot Sueyro; cuando ni bien lo vio llegar le preguntó por qué no los había ayudado cuando estaban en Malvinas él y sus compañeros, y el cura le contó de las colectas que se organizaron y las cosas que se juntaron para enviar a las islas: "Se comieron y se repartieron todo los que no estaban en combate. Las chanzas que me hacían cuando volvía en el barco eran ciertas: "Che Negro, mandaron un montón de cosas para vos pero nos las comimos porque te creíamos muerto", rememoró Petizco con un dejo de tristeza en la mira.

"Yo quiero destacar que los que estuvimos destinados a la guerra, más allá de los rangos y las fuerzas a las que pertenecimos, éramos todos humanos y nos merecíamos buen trato y respeto. También hoy, es así", consideró el veterano que el próximo viernes, recibirá de su ex compañero la biblia que supo prestarle en el fragor de la batalla, y seguramente un abrazo que sea capaz de surcar el tiempo.
Iñiguez: “solo Dios sabe por qué tiene que ser ahora”
- Gualeguaychú, 5 de mayo, 9pm, lluvia.
- Un periodista de R2820 marca el contacto y del otro lado del teléfono la voz de Adolfo Iñiguez surge con fuerza.
- “No veo la hora de estar allí. Siento una profunda emoción por todo lo que se está dando. Sólo Dios sabe por qué tiene que ser ahora” describe.

Adolfo Iñiguez es la otra parte de la historia. Conmovido, asegura tener en custodia la biblia de su compañero, y sin dejar dudas apoya en su Fe las primeras respuestas que tienen al encuentro como centro.

“Yo siempre tuve guardada la biblia. Representa algo muy caro a mis sentimientos. Tengo algo de un compañero. Y siempre pensé que en algún momento se la iba a devolver. Somos de carrera dentro de la Armada y hemos tenido un par de oportunidades para que esto ocurra. Pero no se dio. Es hoy el momento” dijo.

Iñiguez destaca que junto a veteranos de guerra de su jurisdicción ofrece charlas en lugares donde se los convoca. “A mi esposa se le ocurrió poder mostrar como testimonio mi uniforme y algunas otras pertenecías de la guerra. Fue así que semanas atrás volvió esta biblia a mis manos. Se lo comenté a otro veterano y allí empezó la búsqueda de Petizco que esta semana terminará en Gualeguaychú” añadió.

“Dios quiere que esto pase así. A la biblia la pude haber entregado en otro momento. Pero Dios quiere que se hoy y allí, en la tierra de Petizco. Todo me llena de emoción y muchísima alegría” destacó Iñiguez.
El acto de entrega
En el marco de una jornada institucional, el acto de entrega será este viernes –en horas de la mañana- en una escuela de Gualeguaychú.

Allí, además de los protagonistas de la historia, habrá autoridades, personas vinculadas a la causa Malvinas, familiares e invitados especiales.

El programa oficial se conocerá en las próximas horas.
37 años después

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