Francisco Álvarez, presidente del Nuevo Espacio

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Una disyuntiva más que clara

El kirchnerismo ha elegido como uno de los ejes de campaña de estas legislativas la disyuntiva de optar entre dos modelos. Nada más oportuno y atinado.

Lo que cuesta comprender es cómo desde esa dicotomía pueda el oficialismo sacar rédito electoral. Es que estamos completamente de acuerdo que nos encontramos ante dos, o tal vez más, opciones y formas de entender la política.

Del otro lado del kirchnerismo asoman matices, miradas, opiniones y debates, con aciertos y con errores, y será desde la óptica del elector cuál es la encarnadura que más representa su sentir.

Lo que sí resulta claro y contundente es lo que el kirchnerismo representa. En primer lugar, si desde la cuestión ideológica y doctrinaria se trata, ha usurpado los preceptos rectores del peronismo real y profundo. Si hay algo que el kirchnerismo no es, es justamente Peronismo.

Estamos en presencia de grupo político que a través de un relato falaz y deformante se apropió de banderas que usaron sólo para acrecentar el caudal electoral; manipuló los derechos humanos pretendiendo hacerlo propiedad de una facción y no de la sociedad toda e invadió su praxis de conceptos que atrasan décadas.

También sepultó los debates internos; decapitó el disenso; silenció a las bases; entre otras características que fueron innatas del peronismo y que hoy son invisibles. Ello quedó hace tiempo patentado por el concepto de quien fuera tres veces gobernador de nuestra provincia que calificó al kirchnerismo como la “deformación trágica del peronismo”.

En lo que respecta a la forma de entender el gobierno, la importante cantidad de funcionarios condenados -muchos de ellos aún presos- muestra a las claras que la corrupción fue una matriz irrenunciable desde sus orígenes.

El embate a la Justicia; el crecimiento constante y sostenido de la pobreza; el vergonzoso manejo de la pandemia que nos coloca entre los 10 peores países del mundo; la ausencia total de ética demostrada en los Vacunatorios VIP; el asedio ante todo aquel que invierte y produce; la persecución al campo; la desastrosa política internacional; el alineamiento con gobiernos como el de Venezuela; el desinterés ante el avance del delito y la droga; la persecución y los escraches a los periodistas que piensan distinto; entre otros muchos factores obligan a estar de un lado o de otro.

El país de los bolsos, de la “Rosadita”, del ex vicepresidente que pretendió adjudicarse la impresión del papel moneda y que sigue disfrutando de los beneficios del paso por dicha función, es una de las opciones. Es de la que hablan Alberto, Cristina, Cresto y Piaggio.

Desde un origen peronista, que no me impide conformar una alternativa plural, con defectos y errores, pero que tenga como objetivo el bien común y no el mero interés individual y la venganza, es que insto a la comunidad a seguir el consejo del oficialismo: elijamos a conciencia entre los distintos modelos.

Verdaderamente están en juego dos formas. Una es la que nos gobierna. La que nos ordena encerrarnos, pero vive de fiesta. La que paradójicamente parece busca acrecentar el empleo genuino reduciendo exportaciones y cerrando frigoríficos. La que va por la enésima inauguración del Hospital Bicentenario. La que compra playas cuando cada vez más vecinos ven insatisfechas sus necesidades más elementales. La que desvió cinco mil millones de pesos de todos los entrerrianos en contratos truchos.

Realmente hay dos modelos en juego. No es tan difícil saber de qué lado hay que estar.

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