En ella los sacerdotes y diáconos renovaron sus promesas y se bendijeron los óleos que se utilizarán este año en la administración de los sacramentos.

El obispo recordó en su homilía que los sacerdotes “fuimos ungidos para participar de la unción sacerdotal del mismo Señor” y que esta “consagración, marca nuestra propia identidad, nuestro ser y nuestro modo de vivir: somos “consagrados del Padre con Jesús y como Jesús”. Estamos llamados a vivir como tales; invitados a transparentar la vocación a la que hemos sido llamados”

Mons. Zordán explicó que esta unción es para ser enviados. “El envío siempre tiene un destino, una orientación que sale fuera de nosotros mismos, nos trasciende. El envío siempre tiene un “para”. Somos ungidos y enviados para anunciar buenas noticias –sobre todo una Buena Noticia–, vendar corazones heridos, proclamar libertad y liberación, anunciar tiempos de gracia, consolar con el consuelo de Dios (cfr. Is 61,1-2). ¡Esta es nuestra misión!”, dijo.

Luego de citar un pasaje de la primera carta de San Pedro, Zordán se detuvo en el defecto o pecado del clericalismo. “Hoy más que nunca resuena el llamado a una mayor autenticidad en nuestra vocación y consagración; una invitación a estar muy atentos a nuestros sentimientos, a nuestras actitudes, a nuestro comportamiento; y experimentar cada vez más claramente la llamada del Señor a una permanente conversión”.

Y citando al Papa Francisco dijo luego que “hay que decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo, porque ya sea favorecido por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males de la Iglesia”

“Es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos. Esa transformación exige la conversión personal y comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que mira el Señor. […]Es imposible imaginar una conversión del accionar eclesial sin la participación activa de todos los integrantes del pueblo de Dios.

“¡Que se despierte nuestra conciencia, nuestra solidaridad y nuestro compromiso! El cultivo de una “cultura del cuidado” y un modo cada vez más sinodal de pastorear al santo pueblo de Dios nos ayudarán a superar estos males y a convertirnos”.

Por eso, a continuación se refirió a la importancia del camino sinodal en el marco de la Asamblea Diocesana y la necesaria participación de los laicos en los distintos consejos parroquiales y diocesanos.

“Que en esta fiesta, mis hermanos, el Señor haga crecer nuestra alegría por ser pueblo santo de Dios y ovejas de su rebaño; y a nosotros, sacerdotes, nos conceda la gracia de apacentar el rebaño de Dios que nos ha sido confiado, velando por él con abnegación, y siendo de corazón ejemplo para cada uno” concluyó Monseñor Zordán.
Cronograma de celebración de Semana Santa
En distintas parroquias de la diócesis se concretarán de acuerdo al siguiente esquema:
Jueves Santo 18 de abril a las 20, Misa de la Cena del Señor en la parroquia Nuestra Señora de Aránzazu; Victoria.

Viernes Santo 19 de abril a las 9, celebración del Via Crucis en la Abadía del Niño Dios; Victoria.
A las 17, celebración de la Pasión del Señor y Via Crucis en la parroquia San Antonio; Gualeguay.

Sábado Santo 20 de abril a las 21, celebración de la Vigilia Pascual en la catedral San José; Gualeguaychú.

Domingo de Pascua 21 de abril a las 10, misa de Pascua en la parroquia Nuestra Señora del Rosario; Rosario del Tala.
A las 20, misa de Pascua en la parroquia San Roque; Concepción del Uruguay.
Religión Semana Santa

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