Esta semana leímos y escuchamos titulares enunciando que se juegan grandes cosas este domingo, “dos modelos de país”, “la más brutal entrega”, etc. Cálmense. No se juega lo que enuncian, son las PASO, y esto fue una campaña. Ambos bandos han buscado crear una imagen que nos lleve a votar “modelos de país”, cuando representan el mismo sistema de siempre que se resiste a ser transformado. No creo que gane quien gane vengan las catástrofes anunciadas, no creo, en general y a largo plazo, que nos sirva de mucho odiar o tener miedo.

Si me insisten para que diga qué se juega, creo que sabremos quién nos hizo tragar mas sapos en una campaña llena de mentiras y a quién le damos poder de fuego para hacer callar por un rato a los otros. Pero creo también que ese no es el camino, porque el que prefiero se trata de exigir verdaderamente otro modelo.

Nadie llega al domingo con una identidad política inmaculada, fueron tales las mezcolanzas que no podemos decir que están de un lado los que quieren algo y del otro los que quieren lo otro, sólo se ve a unas élites contra otras élites, agitando distintos miedos los unos contra los otros para que los votemos a ellos, y llegar a hacer lo que ya los vimos hacer a ambos: gobernar para sus sectores favoritos. Podemos elegir entre imágenes que nos emocionan más o menos -de ellas ha estado llena la campaña-, ninguna de las dos fuerzas -una con más oportunidades que otra- ha logrado cambios profundos en pobreza, seguridad o crecimiento. Ambas tratan de definir al otro como una anomalía extraña, cuando es su contracara necesaria.

Ambas listas dominantes han intentado exagerar sus diferencias, en una campaña en la que se difunde más información falsa que verdadera. A ambas les sirve que creamos que existe una grieta, porque eso agita el miedo, un miedo que obtura el diálogo y las preguntas. El miedo nos desconecta y nos desorganiza, haciéndonos ver una sociedad fragmentada y enemigos en todas partes, eso es lo que nos hace fácilmente manipulables, y lo que no nos permitirá resolver nuestros dramas.

La tercera vía no ha podido abrirse paso esta vez, porque ha caído en la misma resistencia al cambio. Aún así, creo que no es una grieta: es una trampa. Es una trampa diseñada para que vayamos a convalidar un sistema político que no ha logrado transformarse, y allí reside su imposibilidad de transformar la sociedad.

Creo que la propaganda de todos lados ha planteado un modelo erróneo de sociedad, han hablado de ella como alguna especie de órgano mecánico en el que ellos dirigentes pueden sacar componentes, poner otros, eliminar a los contrarios y arreglar algo. No son dos modelos: ambos propagandean el mismo modelo mecanicista y erróneo de país. Ambos necesitan creer que hay una parte buena y otra mala, sólo cambia el recorte que hacen de estas. El tema es que no somos un mecanismo al que se le puede sacar una parte, somos un todo.

Los grandes desafíos que enfrentamos: el desastre medioambiental, la pobreza, la falta de desarrollo social y económico, el patriarcado, la corrupción, el narcotráfico, etc, son complejos y no se transforman tirando piedras al malo de la película, sino comprendiendo que somos un todo, que estamos en el mismo barco, y que sin diálogo y empatía no podremos resolver los problemas que tarde o temprano a todos nos vendrán a tocar la puerta.

Mientras no les exijamos a nuestros representantes que actúen como parte de una misma sociedad, gane quien gane el melodrama continuará para beneficio exclusivo de las elites políticas. Por eso, no creo que se jueguen dos modelos, es el mismo modelo erróneo. El lunes, ambos se van a encontrar con el mismo país, el mismo mercado internacional, los mismos límites y el perdedor agitando fantasmas. Sobre lo único que tenemos control, es que ambos se van a encontrar con nosotros como ciudadanos.

Creo que el verdadero desafío -aunque ninguno de los candidatos parece plantearlo de ese modo- es transformar el sistema político, incluida la forma en que los dirigentes ven la sociedad. Esto no es desesperanzador, sólo que nos invita a preguntarnos dónde está el cambio que todos prometen pero no son. Si ellos no pueden verlo, esta elección no es más que una oportunidad de hacérselos ver.

Nada va a ser diferente si nosotros no somos diferentes, el lunes tampoco, por eso creo que no nos sirve caer en la trampa de la grieta. Como votante, que es lo que soy en esta elección, el desafío es no convalidar el miedo. Voy a librarme de esta telaraña con una tijera, cortando boleta, tratando de abrirles paso a los pocos que han amagado un juego diferente, y de poner juntos a uno de cada uno para decirles que estamos todites en el mismo bote.


Marina Simón - Especial para R2820
Opinion PASO Nacionales

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