Opinión | Guillermo Régoli
La justicia social es fruto del compromiso personal
Dos realidades condicionan la mirada sobre este aspecto: la mirada política que se tenga y la experiencia de vida. La primera se ha vuelto casi la única manera de interpretar la realidad y el desafío de una justicia social postergada.
Según la ideología, para unos la justicia social es un escándalo y una ocasión de corrupción; para otros una bandera histórica, un derecho indiscutible. Ambos disienten en la manera de alcanzar una sociedad más justa: para uno el camino es un estado pequeño y una vida donde la libertad para decidir es fundamental, aún cuando al lado quede alguien caído.
Para los otros un estado omnipresente, paternalista, que hace lo que puede pero al menos te da más que los otros. El todo está por encima del individuo; quien progresa es el malo. Unos quieren cambios a favor de sus ideas, los otros quieren cambios que beneficien a los más humildes pero no viven como los más humildes. Qué difícil pensar la justicia social desde estas perspectivas.
También está la Iglesia que desde hace siglos habla de justicia social pero desde otro ángulo: la justicia como una consecuencia de reconocer al otro como digno: la centralidad no está en la historia, ni en los modelos, sino en el ser humano.
La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada, dice la Encíclica “Magnífica Humanidad” del Papa León XIV. Esto quiere decir que la justicia social se refleja en cómo se establecen las leyes pero no son las leyes quienes dicen que toda persona es digna de ser.
Esta mirada de la Iglesia, que podría expresarse de manera clara en la parábola del Buen Samaritano, brota de la conciencia de una igual dignidad, de una creación dada para que todos vivan dignamente y para ser administrada y cuidada también para el futuro.
Brota de la esperanza que el corazón del ser humano tiene una bondad natural herida por el pecado pero redimida, capaz de construir un mundo nuevo. Nace de la buena noticia que toda persona es un hermano a quien encontrar.
En los primeros la justicia social es una cuestión programática, en la mirada de la Iglesia una consecuencia de la valoración que se tiene del otro. En la primera importa a qué sector perteneces y si el modelo interpreta y responde a tus necesidades.
En la mirada de la Iglesia no importa el sector porque lo social no define al ser humano. Su dignidad se impone por sí sola. La preferencia por los más desposeídos no responde a una cuestión de justicia a corregir sino de dignidad a reconocer, donde la situación de injusticia, de no tener lo que merece por ser persona, es la primera evidencia que ese valor se ha olvidado. La buena noticia no es que podes tener más olvidándote de los demás sino que aquellos que están mal, que sufren, que han perdido el sentido de su vida, no están solos.
Su dignidad exige poder realizarse como persona por tanto exige políticas que no lo vuelvan dependiente, que le posibiliten un trabajo digno. Es diferente ser agradecido con quien te ayudó a salir adelante que tener miedo a perder el beneficio y entonces depender para siempre de la limosna.
Mientras la política decide pensar en el ser humano y no en el sector que los vota, que debemos hacer cada uno? La justicia social no es una tarea personal? ¿Alcanza con pagar los impuestos y dejar que el estado los distribuya? ¿Alcanza con votar por un tiempo breve el partido que me simpatiza? No hay una tarea cotidiana por construir justicia social? ¿Si cumplo la ley ya está? Hay tantas leyes que hablan lindo pero en la realidad no se cumplen.
En mi experiencia como docente, 32 años, vi muchas leyes lindas, mucha lucha, muchos slogans que hablaban de mejores condiciones laborales, muchos derechos, mucha inclusión, todos temas que hacen referencia a la justicia social. Pocos éxitos en tantos años. También vi docentes que cada día trataban a sus alumnos como se merecen y que ayudaron a cada uno a descubrir cuánto valían. Cuando entendés cuánto valés no hay contexto que te impida salir adelante. ¿Y si la justicia social fuera también una suma de pequeños esfuerzos cada uno por hacer mejor el mundo que me toca habitar?